Lo primero que vi a medida que llegaba a Manhattan, fue la silueta dibujada sobre el horizonte, del edificio más famoso y conocido del mundo: el Empire State Building. Qué maravilla de obra, quedé asombrado por la ingeniería humana. Deseaba poder subir al piso 86 y poder observar la ciudad de New York desde las alturas, estaba seguro que desde allí podía llevarme una gran fotografía.

Tras dejar atrás los inspiradores murales de estilo art déco del vestíbulo, el ascensor sólo tardó unos pocos segundos en cubrir los 320 metros de altura que me separaban del suelo. Desde arriba, me dio la sensación de encontrarme en el centro de todo, por encima de todo. Al mirar hacia abajo y observar el distrito Flatiron y el rascacielos que le da nombre al vecindario en su honor, imaginé la construcción progresiva de la ciudad de New York en una de sus mejores épocas. En el momento en que pulsé el disparador fue como retroceder hasta principios del siglo XX. Mi pequeña máquina del tiempo congeló para la historia ese gran momento.

 

Detalles de la foto: Canon EOS 450D con lente EF 24-105 mm f4 L IS USM a 47mm y f10, 1/100 s, ISO 800.

Título: Una ventana a 1902.

Lugar: New York, Estados Unidos.