En la actualidad vivimos bajo una presión constante de la sociedad y en nuestro día a día nunca nos detenemos a observar detenidamente el cielo de nuestro planeta, y la verdad es que es uno de los lugares más bellos para fotografiar.

Para poder capturar un gran cielo y romper la monotonía, tuve que tener en cuenta tres condiciones: que hubiera nubes, estar situado a una buena altura y aprovechar el ocaso; así que empecé la excursión de ascenso a la sierra de Montserrat una tarde de otoño, justo en una de las épocas del año en que los colores del atardecer están su máximo esplendor. Ya en la cima de la montaña, las espectaculares vistas me suspendieron en un limbo. Una increíble masa de nubes que poco a poco se iba tiñendo por los colores del atardecer, se arremolinaba suavemente sin ser afectada por la gravedad de la Tierra, actuando sólo para mí, como si de una danza se tratase. Y lleno de inspiración y envuelto por una sensación de paz casi onírica, a mano alzada realicé una serie de fotografías.

En la vida, como en el arte, hay que disfrutar de los hermosos movimientos de las curvas.

 

Detalles de la foto: Canon EOS 450D con lente EF 24-105 mm f4 L IS USM a 75mm y f8, 1/60s, ISO 800.

Título: Danza de Colores.

Lugar: Sierra de Montserrat en Catalunya, España.