La simplicidad de esta pequeña cascada con los espeleotemas formados como resultado de los depósitos minerales transportados por el agua durante cientos de años, da a esta imagen un punto focal especial.

Empecé mi camino aún de noche, rodeado de un intenso aroma a pino silvestre y romero, con la antorcha en la mano, guiado por una senda que atraviesa el frondoso bosque de Fuen Narices. Para llegar al lugar tuve que descender por un pequeño barranco y cuando llegué allí abajo me relajé escuchando el leve sonido del agua. Esperé, y cuando las primeras vetas de color empezaron a iluminar el cielo, clavé mi trípode en el suelo.

Era una escena muy delicada y una verdadera prueba de paciencia capturar la fina caída de agua estáticamente, fue un reto y necesitaba calma total. El más mínimo movimiento del aire podría desdibujar los finos hilos de agua y arruinar la toma. Una larga exposición da a la fotografía una sensación de fragilidad, ni un soplo de viento.

 

Detalles de la foto: Canon EOS 6D con lente EF 24-105 mm f4 L IS USM a 80mm y f22, 20 s, ISO 100.

Título: Cascada de la Hiedra.

Lugar: Gúdar-Javalambre, Aragón.